martes 19 de febrero de 2008

RECUERDOS

No sé por qué hoy me ha llenado un arrebato de recuerdos. Mientras miraba la cuchara que movía el café con leche y con los ojos queriendo incorporarse a la mañana, un soplo de viento me ha hecho pensar que hoy es un día de esos grises en que te inundan los pensamientos inconscientes. Después de repasar los textos para trabajar en clase y esquematizar la mañana con obligaciones, me he marchado al trabajo un día más. Conduciendo por la autovía, un poco más deprisa de la cuenta (algo que trato de cambiar día tras día), he recordado aquel quinto y último curso de carrera. Un día en concreto, en el que estaba con Patri en la cafetería de la facultad tomando un café y hablando del mundo, era un día muy gris, las dos estábamos pensando en el futuro, en qué sería de nuestra vida, de nuestra profesión. Creo que estuvimos hablando de las asignaturas más difíciles, el Arcadio, Diacronía. Tantas historias, lo recuerdo perfectamente, estábamos al lado de la ventana, en una mesa alargada, una enfrente de la otra. La recuerdo llena de energía, de personalidad, alegre, con unas ganas de vivir inmensas, divertida y, sobre todo, pura bondad. De repente, una chica que llevaba una cámara de fotos nos preguntó si nos importaba posar en la puerta de la facultad, con motivo del 8 de Marzo, Día de la Mujer trabajadora para el diario Las Provincias. Nosotras, entusiasmadas, salimos a hacernos la foto junto a varias chicas más a la puerta de la facultad. Era a finales de febrero y estuvimos esperando hasta el día 8 de Marzo para vernos. Fue una grata sorpresa. Ahora cuando me veo con aquella camiseta y esas zapatillas me doy cuenta de todo lo que se pierde con el paso de tiempo y cuando veo a Patri, me inunda la tristeza, por eso decidí descolgarla de la buhardilla y guardarla en un cajón.
Algún día volví a ver a Patri, creo que coincidíamos en Portugués y en alguna otra asignatura. Y fue otro día gris, en el que la profesora de Gramática Española se puso pálida, yo no quise escuchar la noticia y ante sus primeras palabras salí del aula, inconsciente, buscando una respuesta al brutal destino. Lo único que podía saber es que Patri ya no vendría más a clase, ni volveríamos a hablar del mundo y del futuro y de tantas historias. Este mes va a hacer ya 5 años desde que sucedió, yo tenía 23 y ella 21. Hoy, no he podido dejar de recordarla, era una gran compañera. En mi cabeza ha estado presente durante la clase que he dado hoy sobre desigualdades sociales, un pequeño homenaje al recuerdo inevitable de este triste día gris. Seguro que Patri, hoy, sería una excelente profesora de literatura.