Ya estamos en Diciembre y parece que los ejecutivos se frotarán las manos una vez más dado que cada vez la Navidad llega más pronto. Apenas dos o tres días han pasado y ya se pueden ver por las rotondas las decoraciones navideñas, suigeneris, eso sí, dependiendo del lugar donde se vaya a situar, tal vez por mero recato económico o quizás porque se deben colocar dependiendo del estatus que se le conceda al sitio.
Los grandes almacenes se apresuran a lucir sus luminosas atracciones navideñas que nos invitan, año tras año, a consumir los mismos productos, a comprar los mismos regalos y a celebrar los mismos acontecimientos cargados de un montón de innecesarias vanidades. Pero es una tradición, y la tradición en un país como el nuestro pesa mucho. Una costumbre que cada año aporta a las grandes multinacionales un porcentaje de ventas casi igual a la mitad de un periodo anual. Y esto no es lo más grotesco. La navidad tiene bastantes aires de hipocresía, si empezamos primero por el hecho de que celebramos una fiesta religiosa, deberíamos pensar que ir a misa es una obligación; un número muy reducido de celebrantes navideños va a misa todos los días y guarda los sacramentos como "buen" cristiano. Por otra parte, tener que ser más buenos en navidad, caritativos y considerados es el culmen de la estulticia. O de lo inaguantable.
En mi caso, siempre he pretendido ser comedida con las compras, no celebrar más que la ausencia de obligaciones y dar gracias, a Dios o a quien sea, que existan estas vacaciones, porque al fin y al cabo, nos sirven para desconectar de la rutina, reencontrarnos con la gente, dedicarnos a otras cosas, etc.
En mi caso, siempre he pretendido ser comedida con las compras, no celebrar más que la ausencia de obligaciones y dar gracias, a Dios o a quien sea, que existan estas vacaciones, porque al fin y al cabo, nos sirven para desconectar de la rutina, reencontrarnos con la gente, dedicarnos a otras cosas, etc.
No obstante, no es de extrañar que no pase desapercibida la forma en que los ayuntamientos malgastan el dinero público. En la rotonda que hay en la urbanización Gran Alacant, donde vivo, han colocado un especie de arbolito que se compone de flores de pascua, muy chic para la ocasión, pero...¿no hubiera costado menos un hermoso abeto? Además, han colocado unos paquetes de regalo metalizados, muy brillantes, en las faldas de este árbol modernista. Todo un lujo. Sin embargo, a unos 2 kilómetros de la rotonda se pueden ver cercados al lado de la carretera unos barracones colocados a modo de improvisado colegio, puesto que no se preveía la necesidad de este en tiempos anteriores. Al ritmo que va la construcción del nuevo centro escolar, probablemente, muchos niños finalicen su etapa primaria y necesiten un instituto, que tampoco parece ser necesario, de momento.
De lo anterior se deriva que la inversión en educación siempre se queda por debajo de lo que un país europeo "coherente" debe asumir. Pero cuando llega la navidad todo se torna de otro color, no reparamos en aquellas cosas que se empiezan a reflexionar en enero, y nos volvemos poderosamente vulnerables a los deseos de los medios publicitarios, y nos olvidamos, por momentos de las desigualdades sociales, económicas, vitales, que son el efecto de una sociedad capitalista que potencia el letargo cultural en la mayoría.

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